El barco corta el silencio
y la laguna Yalahau respira en verde profundo,
como un corazón antiguo que no se rinde.
Holbox se abre sin prisa,
inmenso, limpio, vivo.

La espuma blanca estalla con fuerza,
no huye, se levanta, se afirma,
golpea el agua como si dijera: Aquí estoy,
como quien deja huella sin pedir permiso,
como quien avanza aunque el viento empuje en contra.

El cielo, amplio y sereno,
se inclina apenas sobre la laguna,
y en ese encuentro de azules y verdes
late una calma que no es silencio,
sino certeza.

Cada gota que salta,
cada surco que dibuja la estela,
es un instante que no se repite,
pero se queda,
como se queda lo que de verdad importa.

Y entonces entiendes:
no es sólo agua, no es sólo paisaje,
es impulso, es vida empujando hacia adelante,
es la fuerza de lo simple
recordándote que también tú puedes dejar marca.

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Porque así como la espuma rompe y brilla,
así se escribe el camino:
con movimiento, con decisión,
con la certeza luminosa
de que avanzar… siempre vale la pena.